Al abrir la puerta te das cuenta de que no se trata de un bar al caso. Nos reciben con una sonrisa Omar y un compañero, gesto que dice mucho del personal, la amabilidad con la que tratan a sus clientes.

 

 

Omar Díaz, su fundador, explica que “el concepto” de su local es un restaurante en el que hacen cocina tradicional y tapas tradicionales pero dándoles una vuelta. Unas bravas o una ensaladilla rusa diferentes, unas buenas croquetas…es decir, las tapas de toda la vida pero “con muy buenos productos”.

Ha sido aprendiz de Isidre Soler,Juan Mari Arzak, Joan Roca, Felip Llufriu o Xavier Franco, entre otros. El local no lleva abierto ni un año y ya se ha convertido en blanco de muy buenas críticas, en especial el canelón de pollo de payés.

 

 

La guinda es, también, la cocina abierta a vista de los clientes, un punto extra de confianza que deja ver la preparación de lo que más tarde será servido en tu mesa. Y si la carta al plato lo merece, no será menos en su vaso. Omar dice que quiere dar “un paso más” y esto es cierto, el mismo mimo que tienen en la cocina lo tienen en sus jarras.

 

La calidad se nota, al comer y al beber

Instalaron un equipo Agua KMZero por la calidad que tiene el agua y porque “es un método de trabajo más fácil para nosotros”. La acumulación de botellas también suponía un problema que ya está resuelto. Además, la botella es un plus de cara a los clientes, porque “crean su propia agua”.

 

 

Nos dice que en realidad es un gastro pero le querían poner el nombre de bar porque “es un lugar de reunión, de ruido, de colegas”. La decoración también dice eso y no dejará a nadie indiferente: cerditos en la pared, letras de neón y mesas sencillas pero bien vestidas. Bon appétit!

 

 

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