De unos años hacía aquí se está instalando más masivamente el movimiento Slow Food, un nuevo paradigma en nuestra sociedad: todo se cuestiona y se busca lo auténtico, lo verdadero, la esencia.
Es el regreso a lo básico. Vuelve a importar lo natural y los productos trazables y kilómetro cero.

 

Se convierte en relevante el valor de la experiencia, el “slow life” y el “slow food”. Vivir más relajadamente, disfrutar de las cosas, saborear más los placeres como pasear, comer y dar más trascendencia a actividades que favorezcan el crecimiento personal.

 

Aplicado a la alimentación recibe el nombre de slow food. Prestar atención a lo que comemos, valorando la calidad, procedencia y modo de cocinar los alimentos es lo que se denomina alimentarse estilo slow food o comida lenta.

 

Carlo Petrini, slow food | Agua KMZERO

Carlo Petrini
Fotografía Bruno Cordioli 
Fuente Wikipedia

Este estilo va más allá y se proclama movimiento en el año 1986 en Italia y fue fundado por Carlo Petrini. El origen es la protesta que organizaron un grupo de periodistas el día en que se inaugura un restaurante de comida fast food McDonalds en la plaza de España de Roma. Así proclamaron la necesidad de promover la pausa al comer, los productos naturales, las recetas locales y deleitarse en el sentido del gusto, tomando el tiempo necesario. Con el objetivo de proteger el patrimonio alimentario de la humanidad.

Con los años este movimiento se se convirtió en asociación internacional y está presente en 160 países de los cinco continentes y cuenta con más de 100.000 asociados. Distinguiendo a productores, procesadores, comerciantes y gastrónomos que comercializan los llamados “alimentos y platos del Arca del Gusto”.

Slow food promueve educarse en el gusto para ir en contra de la mediocridad en la calidad de los alimentos y los fraudes alimentarios. La defensa, para evitar su desaparición, de la cocina local, la producción tradicional y de las especies vegetales y animales en peligro de extinción. Un modelo de agricultura con los fundamentos de las comunidades locales menos intensivo y más limpio. La consolidación y protección de los alimentos basados en las materias primas, técnicas de cultivo y de transformación de uso local. Defender la biodiversidad de las especies salvajes y cultivadas. Y finalmente proteger los locales patrimonio cultural gastronómico.

Entre las directrices del movimiento slow food está la necesidad de mantener un equilibrio de respeto y de intercambio con el ecosistema circundante en la producción agrícola y la cría animal. Manteniendo la relación de un alimento o plato típico con la historia, la cultura material y el ambiente en el que se origina. Motivo por el cual el slow food ha sido definido como un movimiento de eco-gastrónomos.

El Arca del Gusto se dedica a recuperar y catalogar alimentos en peligro de desaparición tales como: razas singulares, productos artesanos de excelencia elaborados a pequeña escala. Destacar el valor característico de los productos que ofrece la tierra, promover su consumo por ser parte de la cultura, historia y tradición para salvaguardarlos como patrimonio y herencia de la humanidad. Desde 1996, 1519 productos han sido agregados al Arca del Gusto pasando a ser alimentos documentados, reconocidos y protegidos.

En España el movimiento toma impulso a partir del año 1996, promoviendo la biodiversidad alimentaria, la Red de restaurantes kilómetro cero, que trabajan con los productores locales de la zona; fomentando el turismo local en el mundo rural, la red Slow Wine impulsora del desarrollo de las bodegas con vinos de uvas autóctonas, la ganadería sostenible frente al modelo intensivo. También auspiciando el desarrollo de microempresas que trabajan en pro de una eco-gastronomía de calidad que restaura las tradiciones locales: Ecomonegros dedicada al pan, el queso de Benabarre, las alcaparras y el azafrán de los Baluartes y las cervezas artesanas Populus

Slow Food. The Story es el documental realizado con motivo del 25 aniversario de la fundación de este movimiento gastronómico que explica su fuerte base humanista, ambientalista y su búsqueda del placer en la comida y que empieza con la pregunta ¿quién es Carlo Petrini?.

Carlo Petrini es un piamontés estudiante de sociología que en los años setenta fundó la revista de gastronomía Il gambero rosso –La gamba roja. Creador del movimiento slow food y del “arca”, que ya tiene 4.000 productos de originarios de todo el mundo, para catalogarlos, preservarlos y dignificar el trabajo de quienes los fabrican y promover el placer entre quienes los consumen. Desde las patatas dulces de Pampacorral en Perú o la cebolla roja de Zalla en Vizcaya hasta la leche de camello de la tribu Karrayyu en Etiopía.

El Slow Food nació con este nombre en contraposición al fast food. Apuesta por la economía real frente a la especulación de la economía de los mercados financieros. Partiendo de lo más básico como es disfrutar del buen comer del alimento particular de cada lugar y de las costumbres y manifestaciones culturales de la zona que lo acompañan. Desde su nacimiento decenas de cientos de miles son los que se han sumado a sus filas Una insignificancia en comparación a los
25.000 millones de comidas que sirve anualmente McDonalds. Frente a los eslóganes sugerentes y directos como “I’m lovin’ it” de Mc Donalds o el de Burger King “Have it your way (“Cómelo a tu manera”), el movimiento slow food propone uno más complejo: “Good, clean and fair” (“Bueno, limpio y justo”).

Actualmente Slow Food tiene una fundación sin ánimo de lucro con 100.000 socios con sedes repartidas en 170 países. Cuenta con la única universidad del mundo dedicada exclusivamente a las Ciencias Gastronómicas, con estudios homologados. Donde se gradúan 1.500 estudiantes anualmente.